lunes, 28 de diciembre de 2015

Internet ha revolucionado nuestro consumo cultural

Hace tan solo diez o quince años, vivíamos el ocio de una forma muy diferente. Salíamos más o no, esto es discutible, pero lo que sí que hacíamos era hacer más actividades espontaneas e improvisadas y pagar por ello el precio que correspondía. Hoy en cambio, las cosas han cambiado bastante.


¿Cómo ha cambiado el consumo cultural?

Si nos centramos en el consumo cultural podemos ver claramente algunos cambios. Por ejemplo, los portales en donde se venden entradas y ofertas. Ya casi nadie paga el precio establecido a la primera, sino que buscamos siempre las opciones más baratas. Hay muchas webs en donde se pueden encontrar packs de vacaciones, entradas más baratas o descuentos en restaurantes y espectáculos. Si tenemos paciencia, podremos encontrar fácilmente (y en la mayoría de espectáculos, que no todos) descuentos que pueden rondar entre 15% y el 20%.



Luego también tenemos el tema del cine. ¡Esto sí que ha cambiado! De ir a ver películas en las diferentes salas existentes hemos pasado a priorizar el sofá de nuestra casa. Netflix o Filmin son dos ejemplos de cómo podemos disfrutar de un buen cine desde nuestra propia casa. De hecho, estas plataformas se pelean para conseguir clientes, ya que el público potencial  de momento aún es limitado (ya va creciendo, pero) y es normal que todas apuesten por meter la mejor carne en el asador y esperar a conseguir más registros que la competencia. También los cines se han quedado un poco atrás, por lo que buscan formulas continuamente para luchar contra estas ofertas online que existen. Una iniciativa muy buena es la de poder ir los miércoles a un precio más barato (unos 4 euros de media). Sin duda es una buena apuesta por no quedarse atrás en la lucha por el espectador.

Ya no se vende un producto, sino una experiencia completa. Podemos regalar cajitas con 200 ofertas y que la persona escoja la que más le guste. Esto es el súmmum ya del ocio a la carta.

Como consumidores no podemos quejarnos en absoluto. Hay para mirar y remirar, lo que hace que sea bastante fácil que encontremos aquello que nos pueda gustar más. Sin duda, con lo rápido que han cambiado las cosas en estos últimos quince años, no es de extrañar que en os próximos quince más nos esperen cambios muy grandes.

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