El objetivo de un buen golpe de
putt consiste en impactar la bola sólidamente en la dirección en que el putter es alineado y con el ritmo adecuado. Para ello, resulta necesario concentrarse en cinco áreas principales:
Posicionamiento y Alineación
Por norma general, resulta muy útil tener un putter con marcas para ayudar a visualizar la alineación. Además, debes estar seguro de que tus brazos están colgando libremente y de que tus ojos están sobre la bola. Otro aspecto importante es que tus hombros estén cuadrados hacia el objetivo.
Longitud del golpe
Coloca una pieza de cinta y márcala cada 10 centímetros. Observa la distancia que alcanzan tus
putts a medida que tu
backswing y tu swing hacia adelante se hacen más largos. Repite este movimiento a diferentes longitudes y pronto sabrás qué longitud precisa un golpe en cualquier situación.
Estabilidad Corporal Durante el movimiento de
putting, es necesario que el cuerpo permanezca muy quieto. Cualquier movimiento provocará que el camino del putter sea inconsistente y que el contacto sólido sea casi imposible. Una manera de evitar este inconveniente consiste en mantener los ojos enfocados sobre el área de impacto, una operación que limitará cualquier tendencia a mover el cuerpo.
Swing con los brazos
En un buen golpe de
putting, los brazos deben moverse libremente desde los hombros y hacer el swing de manera que no haya actividad de las muñecas. Un buen método para efectuar este golpe consiste en colocar un tee de golf al final de su grip (la forma en la que un jugador sujeta o empuña el palo). El
tee es un soporte, normalmente de madera o de plástico, para acomodar la bola en el tee de salida, que es el sitio donde se inicia el juego en un hoyo. Con un buen movimiento, el tee de golf, tus brazos y la cabeza del palo se moverán de manera armónica hacia el objetivo.
Ritmo Un golpe de putt exitoso y consistente debe tener ritmo y crear una longitud igual hacia adelante y hacia atrás. La mejor forma de conseguir este ritmo consiste en usar un péndulo. Colócalo entre 54 y 64 repeticiones por minuto. Experimenta hasta que consigas una cadencia que se adapte a tu ritmo corporal. Después, realiza el movimiento de swing para acostumbrarte a esta cadencia. Con la práctica, el tempo –ritmo– se convertirá en una parte natural de tu
swing.
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