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Viernes 3 Julio 2009

El vino es un ser vivo


Esta es la opinión de uno de los mejores enólogos del mundo. Labrador, como él mismo se define, gran entendido y amante productor, Miguel Ángel de Gregorio apuesta por desmitificar lo superfluo que rodea a un producto tan ligado a la idiosincrasia española como el vino. Un “ser vivo” que, como tal, interactúa con los sentidos de cada consumidor.



Miguel Ángel de Gregorio
Miguel Ángel de Gregorio
A la par que se llevaba a cabo una cata exclusiva de los vinos de la nueva bodega de Miguel Ángel, que se pondrán a la venta en septiembre, este productor de vino puso algunos puntos sobre las íes en la dialéctica y la estética ornamental que suele rodear el mundo del vino. Más allá de palabras vacías de contenido, para este amante de la tierra, el vino supone un modo de vida, una forma de sentirse en contacto con lo que hemos sido y lo que somos.
 
¿Por qué los expertos utilizan tantos tecnicismos y términos poco entendibles para el resto al hablar del vino?
Yo también me planteo esa cuestión muy a menudo. La verdad es que la mayor parte de los tecnicismos encubren el desconocimiento por parte del que los utiliza. El problema del mundo del vino es que hay muy pocos entendidos y demasiados enterados, tanto entre aficionados como entre los profesionales. A veces, cuando tienes una falta de conocimiento sobre algo, la adornas con aquello que no entienda nadie para encubrir tu falta de esencia.
 
Entonces, ¿no es tan complicado ese mundo como parece?
El mundo del vino es muy sencillo. Es más intuitivo de lo que pudiera parecer.
 
¿El vino es alimento o puro placer?
El vino, como alimento, tiene un valor muy escaso. Posee sales minerales. Si es tinto, tiene compuestos tánicos que son muy buenos como antioxidantes, y tiene, además, un poder energizante notable. Pero, como alimento, es más recomendable el chuletón de ternera. El verdadero valor del vino es  hedonismo puro, causar placer y el placer es una cuestión de sensaciones. Cada cual disfruta con unas cosas concretas. Hay gente que disfruta, por ejemplo, con Bruce Springsteen y otros con Beethoveen, pero también hay quienes disfrutamos con los dos.

El vino es un ser vivo
Pero al hablar del vino se refieren a él como “ser vivo”, cosa que no ocurre con el arte o con la música.
Es que el vino es un ser vivo. No es un elemento estático fruto de contemplación, sino que te invita a la interactuación. Por eso, todo depende de nuestra receptividad. Y la práctica te hace disfrutar más. Por ejemplo, yo he leído 11 veces Cien años de Soledad, y cada vez he entendido un poco más Macondo y, a lo mejor, me he sentido un poquito más Buendía.
 
Esa práctica, ¿es imprescindible para disfrutar de un buen vino?
Claro. A veces los entendidos -y si son enterados, más- se empeñan en que leamos -y sigo con el ejemplo anterior- Cien años de Soledad. Y no se dan cuenta de que no lo disfrutaré plenamente si, anteriormente, no leo El principito o a Julio Verne.
 
¿Cuál es la base sobre la que debe asentarse un buen vino?
 Sólo hay una: la honestidad. Es la única base. Y la honestidad sólo la da la viña, la tierra. El mejor vino es aquel que mejor expresa la tierra de la que procede. Y, por ende, el mejor hacedor de vinos es aquel que más respeta la esencia de la viña, el que menos interviene dejando que la uva y la naturaleza se transformen y permite que toda la esencia de la tierra pase de la uva a la botella.

El vino es un ser vivo
¿La honestidad está en relación directa con el precio?
Hay vinos honestos por 6 euros y vinos honestos por 500 euros. Si manipulas la naturaleza, lo que obtendrás es un producto de artificio. El precio indica muchas veces la calidad y la singularidad, y siempre la cantidad que está dispuesto a pagar un consumidor.
 
¿Cómo debe conservarse el vino en casa?
Hay que mantenerlo a una temperatura no superior a  los 15-16ºC, ni menor de  los 13-14ºC . Es mejor conservarlo en un lugar  donde no haya luz y donde no exista humedad excesiva porque ésta puede deteriorar el corcho.
 
Y, ¿cómo ha de servirse?

A la temperatura que nos resulte agradable. En verano deben servirse un poco más frescos. Los tintos en vierno  a 17-18ºC en invierno, y los 13-14ºC en verano.





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