Castro ha insistido en la importancia de intervenir ante la aparición de pequeños olvidos que se asocian al proceso de envejecimiento. “Los cuidadores de personas mayores deben prestar atención a estas situaciones porque pueden ser el comienzo de un progresivo deterioro cognitivo que desemboque en un cuadro severo o, incluso, en demencia”, afirma este experto.
El psicólogo detalla que existen una serie de ejercicios que se adaptan a cada fase de deterioro cognitivo y con los que se consigue ralentizar este proceso. En primer lugar, Castro enumera una serie de ejercicios, que son “comunes a todas las fases” y cuyo grado de dificultad tiene que ser progresivamente menor a medida que avanza el deterioro cognitivo en la persona mayor. Así, el especialista alude al mantenimiento de charlas con el paciente basadas en asuntos que le gusten o conozca bien: preguntarle acerca de acontecimientos que se hayan producido recientemente en su barrio o localidad, sobre fechas señaladas en el calendario, aniversarios y cumpleaños o sobre el contenido de las conversaciones mantenidas con las visitas que reciba.
Castro también hace hincapié en ejercicios que también contribuyen a paliar los efectos del deterioro cognitivo como leer las noticias del periódico, resumir el contenido de las mismas, describir el contenido de fotografías de paisajes o elaborar historias a partir de imágenes. También existen ejercicios que trabajan especialmente el lenguaje y el razonamiento numérico, entre los que se encuentran los basados en la denominación de objetos, los de comprensión léxica (sinónimos y antónimos), repetición de frases, elaboración de oraciones simples y complejas, ejercicios de reminiscencia, reproducción de proverbios y refranes, escritura y cálculo.
Profundizando en las diferentes fases del deterioro cognitivo, Castro sostiene que en la fase leve, “que puede ser compatible con un Alzheimer incipiente”, se suelen registrar algunos olvidos respecto a lugares, denominaciones de los objetos, se extravían algunos objetos y aparecen problemas para concentrarse o retener contenidos vistos o leídos. “Es muy habitual que la persona mayor niegue estos déficits y, cuando se le señalan, suele mostrar ansiedad e irritabilidad”, detalla el especialista.
En la fase moderada se aprecia “una disminución de la memoria a corto plazo, lagunas de la memoria personal, un mayor déficit de atención y mayores problemas para desempeñar tareas complejas”, señala Castro. A diferencia de la fase anterior, ahora, el mayor ya no muestra irritabilidad cuando se le hacen notar los fallos de memoria”.
En la siguiente fase, el mayor presenta olvidos de nombres o direcciones relevantes y desorientación temporal, aunque sí recuerda su nombre y el de sus allegados. Además, “manifiesta la pérdida de ciertas habilidades prácticas, aunque sólo necesita supervisión de sus tareas cotidianas, ya que mantiene un cierto grado de autonomía personal”, explica el psicólogo.
Por último, en la fase grave, la persona mayor necesita asistencia en todas las actividades de su vida cotidiana. “Aunque recuerda su nombre, pueden olvidar fácilmente el de sus familiares más cercanos. Tiene una pérdida total de la orientación temporal y espacial, no recuerda acontecimientos o experiencias recientes y muestra cambios emocionales y de personalidad, con síntomas como delirios, ansiedad, agitación e, incluso, agresividad”, alerta Castro, quien añade que es precisamente en esta fase donde el mayor puede presentar la abulia cognitiva, o “pérdida de la fuerza de voluntad para realizar tareas y aprender”.